Ya estoy en casa

Palabras que nunca se olvidan y voces que se quedan atascadas en las gargantas. Gritos de guerra silenciados y súplicas ignoradas. Niñas que salen por la mañana de sus casas sin saber si podrán volver. Mensajes enviados y terror en la calle. Inseguridad al andar con miedo de que alguien las siga. Hola, soy una mujer y quiero contaros mi historia:
Había salido de fiesta con mis amigas, al acabar nos despedimos. Hacía poco habíamos oído en las noticias que una mujer había sido violada. Decidimos mandarnos un mensaje al llegar a casa, no queríamos que nos pasara nada parecido. Caminé por las calles de siempre, al mismo ritmo de siempre. De pronto, oí el sonido de unos pasos siguiéndome, no le di mucha importancia, podría ser cualquier persona. A día de hoy me arrepiento de haberlo dejado pasar, de todas formas no podía predecir el cambio que iba a dar mi vida en ese momento. Un único momento que lo cambió todo.
Sentí que me agarraban por detrás, me taparon la boca para que no pudiera pedir auxilio. Me metieron en un callejón y me robaron mi inocencia. Al terminar, ese hombre me dejó tirada en el suelo, desnuda y con un móvil roto. Quise luchar, creerme que lo intenté, no pude. Horas más tarde una señora me encontró tirada en ese callejón, me ayudó y le estaré eternamente agradecida por ello. Llamaron a mis padres, a la policía y a una ambulancia. Me preguntaron multitud de cosas, yo a penas podía hablar, había entrado en shock. Después de asegurarse de que estaba bien, me llevaron a casa. Me encerré en mi habitación durante varios días, el mundo estaba dividido en dos partes, a los que les daba pena y los que decían por lo bajo que yo me lo había buscado. Quería gritar, desahogarme, decir que yo no quería que eso pasara. Me quedé callada.
Cuando al fin salí de mi habitación mis padres me llevaron con una psicóloga. Todavía era incapaz de ver a un hombre, que no fuera un familiar, sin echarme a llorar. Hablar me hizo bien, poco a poco volví a sonreír pero sin olvidar lo que me había pasado, nunca podría olvidarlo.
No sé donde se encuentra ese hombre ahora, no quise saberlo. Cuando la policía me preguntó a cerca de él, les di la mejor descripción que podía dar. Lo encontraron, se hizo un juicio, fue difícil pero al final fue sentenciado.
Ahora ayudo a las mujeres víctimas de hombres como ese, mujeres que vivieron las mismas o peores situaciones que yo. Sé que no todos los hombres son malos, la mayoría no lo son. Es por eso que trabajo cada día en contra de la agresión hacia las mujeres, mis hermanas. Trabajo en busca de un mundo donde los hombres y mujeres sean tratados de la misma forma, donde no haga falta volver a casa en compañía, donde no sea necesario mirar hacia atrás, donde no se necesite un "ya estoy en casa".

Marta Fernández-Trabadelo

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