¿Por qué diferenciamos entre violencia de género y violencia doméstica?
Al referirnos a casos de violencia dentro del ámbito
doméstico, sentimental o familiar diferenciamos en dos tipos, violencia de
género y violencia doméstica. La violencia de género es aquella en la que la
víctima es una mujer y el agresor es un hombre, con el que tiene o ha tenido
una relación sentimental; la violencia doméstica es cualquier tipo de violencia
perteneciente al campo mencionado anteriormente que no sea violencia de género,
entre un padre y un hijo, por ejemplo. Pues bien, si la violencia de género
podría ser considerada simplemente un tipo de violencia de doméstica, ¿por qué
la separamos del resto? ¿Por qué diferenciamos precisamente ese caso y no
otros? ¿por qué le damos un trato diferente?
La respuesta radica en cuándo una cuestión es un problema
social o un caso particular. Volvamos al ejemplo de violencia entre padre e
hijo. Supongamos que es el hijo quien agrede de alguna manera, física o
psicológica, a su padre. No hay discusión en el hecho de que todas las
agresiones y, como en ocurre en algunos casos, asesinatos, son igual de
trágicos. La discusión está en qué podemos y debemos hacer como sociedad. En el
momento en el que demostremos que la sociedad enseña a los ciudadanos a
maltratar a sus padres y por lo tanto es una conducta con cierta repetición,
continuidad y causa, entonces podríamos considerarlo un problema social. Lo que
defendemos aquí, volviendo al tema de la violencia de género, es que esta
última sí que cumple con las características que hacen que tengamos que
analizar este caso desde un punto de vista más social y global.
Primeramente, tengamos en cuenta los datos:
Estos datos ya deberían ser suficiente al ilustrar el
hecho de que los asesinatos hacia mujeres, en especial aquellos en la categoría
de violencia de género, son mucho más numerosos. En respuesta a estos datos se
crean una serie de medidas (en la opinión de la autora de este artículo,
insuficientes) que intentan reducir este número. Así es como surge otro tema de
controversia y es que existe la creencia popular de que la mujer pasa a tener
más derechos que el hombre, que el hombre es discriminado por el sistema
judicial, etc. De nuevo, para comentar brevemente esta polémica, echemos un
vistazo a los datos sobre este tema. Según la Fiscalía solo el 0,01% de las
denuncias por violencia de género son falsas. En datos absolutos, entre 2009 y
2016 solo hubo 79 falsas de 1058912.
Ya
que hemos demostrado claramente por qué la violencia de género es un problema
social, al menos en términos objetivos, analicemos entonces las causas. Todos
estos datos no son causa sino consecuencia. Estrictamente, solo hay una razón
por la cual la violencia de género ocurre, una razón contra la que debemos
tomar medidas: el patriarcado.
El
patriarcado es un sistema social que educa en la misoginia y todos los miembros
de la sociedad, hombres y mujeres son misóginos debido a ello; liberarse de esa
misoginia requiere un proceso de deconstrucción. La razón por la que se da con
más abundancia la violencia de género que cualquier otro tipo de violencia
doméstica es porque la sociedad favorece el dominio del hombre sobre la mujer,
de forma que de alguna manera nos parecen normales las relaciones tóxicas,
alegando incluso que son “tradicionales”. Un gran porcentaje de maltratadores
realmente no se consideran a sí mismos maltratadores. Lo mismo pasa con las
víctimas de violencia de género, muchas de ellas tardan años en darse cuenta
del maltrato y para entonces, en ocasiones, ya es demasiado tarde.
La
violencia de género es algo educacional, pero por lo tanto también es
identificable, lo cual significa que se puede tratar. Aquí es donde encontramos
la diferencia con la violencia doméstica: puede ser que un hijo maltrate a su
padre, pero no podemos decir que la sociedad nos enseña a hacerlo, es un caso
particular.
En
conclusión, es necesaria la separación entre violencia de género y violencia
doméstica, ya que la violencia de género es un problema social. La violencia de
género tiene su origen en nuestra propia cultura y educación y por eso podemos
y debemos tomar medidas al respecto.
Inés Vilanova de Diego

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