Un asunto personal
El
pasado miércoles 8 de noviembre, Jessica fue asesinada por su marido en la
puerta del colegio de su hijo, delante de numerosos niños y profesores. Lo más
representativo de esta tragedia es que la víctima había denunciado al agresor
cuatro veces y existían medidas cautelares en marcha. Este caso deja en
evidencia una vez más la desprotección de las mujeres víctimas de violencia
machista en España.
Es
necesario entender qué es lo que ocurre cuando una mujer quiere denunciar. Es
muy posible que no tenga la opción de irse a una comisaría porque su agresor la
tenga controlada. En ese caso, su única opción es utilizar el servicio
telefónico que ofrece el gobierno para pedir ayuda en estos casos: el famoso
016. Pero, ¿qué ocurre realmente cuando llamas a ese número?
Lidia
Infante (@LidiaInfanteM) contó en Twitter su experiencia. Al contar su
situación, se le proporcionó otro número para que llamase al día siguiente
entre las 9h y las 13h. Cuando lo hizo, se le pide que se pase al día siguiente
por su oficina, de nuevo entre las 9h y las 13h. En este punto ya hay
muchísimas mujeres que no tendrían posibilidad de ir. Ella se cogió un día
libre en el trabajo y acudió, para que le dieran cita con una trabajadora
social y una psicóloga en tres meses.
En
ese tiempo la víctima podría no seguir con vida. Si denuncia a la policía
podría pasar algo muy parecido. Lo primero, se le hacen tantas preguntas a la
víctima como al agresor. Se piden pruebas muy específicas que son casi
imposibles de obtener. E incluso cuando se condena finalmente al agresor pocas
veces acaba en realidad en prisión. Lo más habitual es que las órdenes de
alejamiento se quebranten y los miembros de la pareja sigan viviendo juntos a
los pocos días.
Así
se explican (que no justifican) los datos de mujeres asesinadas que ya habían
denunciado. Según los datos del Ministerio, en 2017, 44 mujeres han sido
asesinadas, víctimas de violencia machista. Esta cifra es del 10 de noviembre,
desde entones ya ha ascendido hasta 49, de las cuales un 20,5% habían
denunciado a su agresor, en un 18,2% lo habían denunciado otras personas. Ya ha
igualado el número de víctimas mortales de 2016, que en total también habían sido
44. No ha habido apenas avance en los últimos años, de hecho, casi se puede
hablar de un retroceso en las medidas de prevención de violencia de género.
Pero
el problema es quedarnos en esta cifra. Hablar solo con números resulta
impersonal, simplifica un conjunto de tragedias en un solo dato. Es muy rápido
decir el número 44, pero las víctimas son nombres: Matilde, Mónica, Toñi,
Blanca Esther, María, Laura, Virginia, Cristina, Carmen, Josefa, María José,
Amalia, Ana Belén, Ana, Margaret, María José, Yulia, Gloria Amparo, Paloma,
Mari Paz, Ana María… Estos son los nombres de las mujeres asesinadas los
primeros meses, y todavía hay algunas inidentificadas o cuyo nombre se
desconoce.
Cada
víctima también es su historia. Hoy todas somos Jessica, pero también somos las
niñas violadas, las prostitutas asesinadas, los hijos e hijas también
asesinados para hacer daño a sus madres. Hay tantos casos que la sociedad está
insensibilizada, apenas nos afectan ya las nuevas noticias de violencia
machista. Porque el maltrato, la violencia sexual, las muertes violentas y el
acoso en las redes están tan arraigados en nuestra sociedad que se ha
normalizado.
2017
acabará con una elevada cifra que encerrará terribles casos de violencia de
género, cada uno con distintas circunstancias que serán unificadas en un solo número.
Pero con total frialdad, cuando llegue 2018 volveremos a dejar el contador en 0.
Y todas las vidas de mujeres tomadas injustamente por el machismo quedarán
invisibilizadas. Que no queden en el olvido.
Lucía
Vilanova de Diego
Fuentes:
La violencia de género es la violencia del jefe sobre el empleado, del europeo sobre el emigrante, del rico sobre el excluido... pero es aún más violencia que las otras. ¿Qué mundo estamos haciendo?
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