El papel del hombre en el feminismo y la unidad de las luchas sociales
“Si
no luchamos juntos nos matarán por separado”
Ernesto
“Che” Guevara de la Serna
El feminismo, como bien se sabe, es un movimiento
que combate por la plena igualdad entre géneros y por ende la colaboración e
implicación de la mitad masculina de la población humana será más que necesaria
para llegar a tal empresa, sin embargo, resulta bastante llamativa la baja
afluencia de hombres en las organizaciones y luchas feministas en general. Esto
afecta muy negativamente al movimiento no solo en tanto en cuanto que resta
fuerzas e intelectos que pueden ser esenciales para el avance social, sino que
también arroja una imagen del feminismo como una cosa solo “de mujeres”, lo
cual da alas a los sectores de población que, ya instalados y acomodados en la
alienación o en la simplificación sistemática de la realidad que les rodea, se
vuelven contra esta ideología creando y aupando nuevos conceptos o pensamientos
(como, por ejemplo, el feminazismo, o
un gran repertorio de razonamientos “cuñadistas”) que acaban por distorsionar y
manipular la propia definición de feminismo llegando a relacionarlo con la misandria. Es por estas circunstancias por las que es necesario atraer también
al sector masculino hacia nuestro movimiento; principalmente, tal esfuerzo se
ha centrado en sonsacar las consecuencias negativas que tiene el propio
machismo para los hombres ya que este
nos coarta libertades de acción al situar algunos comportamientos o
actitudes fuera de lo que está socialmente aceptado como “varonil”, lo cual es
objeto de burlas y demás actos denigrantes; no obstante, y si bien coincido
plenamente en la negatividad de los comportamientos machistas sobre los
hombres, creo que no debemos enfocar dichos esfuerzos de atracción
mayoritariamente en lo que nos afecta directamente a nosotros como varones,
sino que debemos luchar en el campo social e intelectual por devolver a todo el
pueblo los ideales de unidad y solidaridad de combate. Con esta idea me refiero
a que hemos de volver a la mentalidad de las luchas sociales como un “todo” que
implica a casi todos los aspectos de la sociedad y que incluye a casi todos los
sectores de dicha sociedad. No creo que sea saludable el instalarnos en una
táctica de atracción hacia el movimiento feminista basada exclusivamente en
buscar cómo puede afectar el machismo a los hombres ya que esto nos puede
llevar a reforzar un pensamiento individualista por el cual una persona sólo se
implica en aquello que a él le afecta personalmente, con lo cual echamos abajo
todo el ideario de unidad y de lucha obrera
dividiendo las luchas sociales en un sinfín de ramas que cada vez abarcan un
tema más y más específico con lo cual no se llega a identificar al actor principal
que causa todo el mal social en su conjunto impidiendo, a su vez, que se formen
los grandes núcleos de resistencia que antaño llegaron a conseguir enormes
logros sociales.
Así pues, esta es una crítica a todos aquellos
hombres que, si bien pueden ver al feminismo como una lucha perfectamente
justa, no se adhieren a ella por el hecho de no involucrarles a ellos (en gran
medida) los perjuicios del machismo. No obstante, esta también es una gran
crítica a una parte de las personas que actualmente conforman el movimiento
feminista, me explico:
El feminismo es a día de hoy una de las luchas sociales más extendidas en los
países occidentales. Esto se debe, por una parte, a la propia magnitud de los
logros a los que aspira alcanzar ya que estos supondrían la completa liberación
de la mitad de la psique humana; no obstante, y por la otra parte, esta lucha
tiene un gran calado en nuestras sociedades porque es el problema que más
directamente nos afecta a los países más ricos ya que los combates más enfocados
hacia el cambio del sistema socioeconómico que imperaron en el siglo pasado se
han ido esfumando desde la caída del muro de Berlín debido a la consolidación
del régimen de dominación mundial unipolar y a unos complejos cambios sociales
enfocados a la enajenación masiva de las masas trabajadoras en occidente y al
traslado de los trabajos obreros más duros a países menos desarrollados de la
periferia geopolítica. Esto, a grandes pinceladas, ha provocado que la
desigualdad entre naciones se haya acrecentado exponencialmente y ha
desactivado el potencial revolucionario que residía en muchos países europeos
fomentando el pensamiento individualista en detrimento del internacionalismo
proletario. Estos hechos se traducen en nuestras sociedades en una creciente
despreocupación por aquellas luchas sociales o movimientos de cambio que no nos
afectan de manera directa pero que necesitan de un apoyo global; de esta forma,
el feminismo ha ido creciendo en apoyos en los países ricos porque nos sigue
afectando directamente, sin embargo, los movimientos pacifistas, en contra de
la hambruna, internacionalistas o aquellos que propugnan por un cambio de base
(Socialismo, comunismo, anarquismo, terceras vías, etc.) se siguen disipando
porque afectan de lleno a terceros países. Como ejemplo podemos poner la
repercusión y la movilización que ha tenido el juicio a “La manada” en
comparación con el que ha habido en repulsa por el genocidio contra los
Rohingyas o el apoyo al pueblo hondureño
que recientemente se ha levantado contra la manipulación electoral llevada a
cabo por la dictadura impuesta desde el golpe de 2009.
Es decir, el feminismo es sin duda una de las
luchas sociales más importantes que existen, pero no es la única y si bien
intentamos abanderarnos el discurso de la solidaridad con aquellas luchas que
son intrínsecamente justas para lograr atraer al sector masculino hacia nuestro
movimiento, también hemos de obrar en consecuencia con todos aquellos problemas
que no nos afectan directamente a nosotros pero que surgen de la misma fuente
(el capitalismo) y que provocan el sufrimiento de miles de millones de
personas. Si solo nos ceñimos estrictamente a la lucha feminista podremos crear
un mundo donde la desigualdad entre géneros sea cosa ya de la historia, pero
seguirán habiendo 40.000 personas que morirán de hambre al día, cientos de
millones de personas analfabetas, seguirán cometiéndose golpes de estado y
genocidios, seguirá en marcha la sexta extinción masiva de especies y seguiremos abocándonos al cataclismo
ecológico.
A la conclusión a la que pretendo llegar es que
debemos abandonar el pensamiento individualista (o en algunos casos la
resignación) que nos han impuesto para recuperar la solidaridad entre
oprimidos, es decir, relanzar el internacionalismo para lograr sumar fuerzas a
nuestros movimientos y conseguir una unidad de acción que permita abarcar el
amplio espectro de problemas sociales que azotan el mundo contemporáneo. De
esta manera, podremos conseguir la implicación general del hombre en el
feminismo pero también podremos hacer resurgir la lucha revolucionaria por la
igualdad entre naciones, en contra de la pobreza y el paro, en contra del
cambio climático, a favor de las naciones oprimidas, etc.
El sector
masculino ha de unirse a la causa feminista por el simple hecho de que es justa
aunque pudiera suponer la pérdida de los privilegios que todavía tenemos en las
sociedades contemporáneas, pero también las personas que conforman el feminismo
han de hacer el mismo esfuerzo ya que no podemos hacernos eco de la solidaridad
de lucha solamente cuando se trata de atraer gente, también hemos de ponerla en
práctica con los demás grupos oprimidos.
“Primero
se llevaron a los judíos,
Pero a mí no me importó porque yo no lo era;
Pero a mí no me importó porque yo no lo era;
Luego,
arrestaron a los comunistas,
Pero como yo no era comunista tampoco me importó;
Pero como yo no era comunista tampoco me importó;
Más
adelante, detuvieron a los obreros,
Pero como no era obrero, tampoco me importó;
Pero como no era obrero, tampoco me importó;
Luego
detuvieron a los estudiantes,
Pero como yo no era estudiante, tampoco me importó;
Pero como yo no era estudiante, tampoco me importó;
Finalmente,
detuvieron a los curas,
Pero como yo no era religioso, tampoco me importó;
Pero como yo no era religioso, tampoco me importó;
Ahora
me llevan a mí, pero ya es tarde.”
Bertolt Brecht
Samuel Pis Vigil
Muy interesante. Quizá sería bueno que el movimiento feminista lo leyera para incluirnos a todas y todos en la huelga general del 8 de Marzo. Sólo los discursos integradores, como el tuyo, pueden llevarnos a buen puerto. La diferencia entre "nosotros" y "los otros", venga de quien venga, es un discurso en el que perdemos todos.
ResponderEliminarHoy abría el blog con la intención de escribir una especie de protesta, pero este artículo se le parece bastante.
ResponderEliminarHoy mi hermana me preguntó que iba a hacer el 8 de Marzo, y yo no supe responderle.
Porque realmente estar allí ese día me hace sentir incómoda, ¿una huelga solo para mujeres? ¿no es a caso el cambio deber de todos? siento que estamos creando una línea divisoria, imborrable y permanente que empieza a abrasar la piel de nuestra sociedad. No debemos de catalogar al sexo masculino en un ellos porque siempre hemos sido todos. Los cambios y el progreso necesitan del apoyo y considerar el feminismo como un movimiento de mujeres no es cierto, o no debería serlo. Por eso no estoy de acuerdo con una huelga exclusivamente de mujeres, porque la igualdad nos concierne a todos.
El 8 de Marzo mis ideales guardaran silencio y no iré a la huelga, me pregunto si seré menos mujer por eso.