En busca de la felicidad
Ella decía que de mayor quería ser madre. Cuando le preguntabas por sus sueños, con su lazito marrón respondía que quería tener dos niñas. Jugaba a papás y mamas, compraba ropa para sus muñecas, las peinaba y decía que sería la mejor madre del mundo. El tiempo fue pasando y tomo todas las decisiones necesarias para alcanzar su meta. Se caso joven, perdió todas sus expectativas laborales, cometió un suicidio de futuro sacrificándolo todo por formar una familia y sin embargo era feliz. Tuvo dos niñas y dedicó toda su juventud a cuidar de ellas, un trabajo no remunerado con una jornada laboral de 24 horas durante tiempo indefinido.
Intentó que sus juguetes no crecieran, les hablo de polvos mágicos, de hechizos y canciones para parar el paso del tiempo. Bromeaba y sonreía cuando les contaba esas historias, pero había un cierto deje de tristeza en observar como la vida pasaba y amenazaba con alejar su todo de ella.
Sus hijas fueron mujeres exactamente iguales a ella, pero totalmente contrarias. Criadas bajo los mismos principios, con las mismas ideas y valores solo que soñaban con lo que su madre no tenía, independencia.
La defendían con uñas y dientes, con horas de estudio y expectativas: con corazones fríos y calculadores, no estaban dispuestas a entregar su vida a las manos de otros. Lucharon lo suficiente como para conseguirlo y un día se dieron cuenta de que por fin habían ganado el derecho de ser libres.
Pero al mirarse a los ojos descubrieron arrugas y ni rastro de la felicidad de la que tanto habían hablAdo. Les habían dicho que renunciaran a todo lo que significara sublevarse, leyeron que la única forma de existencia de una mujer era mediante la defensa de ella misma, corazas y corazas, una piel dura y ajena. Descubrieron a sus cuarenta años que no eran felices. No porque la independencia no fuera maravillosa, sino porque la vida así resultaba insuficiente. Se habían dejado arrastrar por la corriente de voces que ensalzaba el perfil femenino y gritaba, con un ruido tan ensordecedor que lo ocupaba todo. Trabaja más que ellos, lucha por tus derechos, sangra a la vida para que ella no acabe contigo.
Con el tiempo descubrieron que los extremos siempre tienden a destruir y que los fanatismos solo te vacían para poder quedarse dentro. Ana se enamoró un día de primavera y dejo de trabajar durante cinco años porque le pareció correcto, no se sacrificó, no se sometió como decían , solo vivió y formó una familia.
Alicia sin embargo nunca se recupero de la propaganda y del miedo, el miedo a ser tragada por una sociedad que apuñalaba desde las dos partes. No puedes ser madre, no ahora en pleno estallido de tu carrera, decide, quédate aquí, esto es más importante. Por otro lado escuchaba el lento ronroneo de una mentalidad machista y anticuada que le escupía un "se te pasa el arroz" "un poco madurita ya " "¿Para cuando los niños?" mientras ella se bloqueaba en una confusión que la hacía tomar pastillas por las noches.
Ella, no cabe en una ideología, mujer no es solo una palabra, es más que eso. Mujer , somos muchas, no se puede judgar la vida de ninguna de nosotras, ni pretender que todas utilicen los mismos zapatos. Porque al fin y al cabo , no todas tenemos el mismo número.
Quiero dedicar este artículo a todas las mujeres que han decidido trabajar en su hogar y cuidar de sus hijos, a todas las mujeres que no son madres porque su trabajo era prioritario y a todas aquellas mujeres que se apoyan entre sí sin judgar.
Para mí sois igual de valientes
Alejandra Lara
Apostar por la libertad. Porque ni siquiera cada una de nosotras somos la misma, de cuando en cuando. A veces luchamos por lo que deseamos; otras veces nos gusta pasar años haciendo lo que nos apetece, que no siempre es coherente con lo que habíamos deseado; en ocasiones, lo que queremos no tiene que ver con lo que nos apetece, y esto también nos desvela. Y, en fin, que pasa la vida, y en eso consiste, en vivirla de acá para allá, siendo libres de lo que nos marquen y siendo libres también de la imagen que un día tuvimos de nosotras...
ResponderEliminarDejar de ser una misma, para ser una misma de nuevo.