Tengo miedo


A veces tengo miedo,  en el sentido desgarrador de la palabra. Se enquista en mis huesos y susurra que nos hemos convertido en masa, me condena a número  a ser privado de individualismo.
Me dice que ya no soy.
He visto mi ciudad despojada de  lo propio, no tenemos propiedad a pesar de que cada día consumamos más: hemos perdido nuestra esencia.
Los escaparates españoles repiten con exactitud la misma costura que los maniquís del otro lado del mundo, no importa a donde vayas; estás atrapado.
Conoces a la misma gente, distintos nombres, mismos valores; marcados y condicionados bajo una fábrica llamada capitalismo.
En sus manos ya no hay espacio para la poesía, el arte o el  desarrollo como persona, ahora sus pulgares se deforman sosteniendo Iphones. El maestro por excelencia, el profesor que guía con mirada atenta a sus alumnos, sonríe, ahora todos pensamos lo mismo. Por ello en el siglo XXI ya no se temen revoluciones, no puedes luchar por el fin de lo que se necesita; compra, compra, compra, sino, no eres.
¿A caso podemos negarnos? ¿Ser parias, marginados de la sociedad? Siempre es más sencillo trabajar doce horas diarias para pagar a plazos un objeto que no necesitamos solo para poder decir que nosotros también lo tenemos.
Nuestra cultura se desangra en un barrio del olvido, mientras palabras americanas inundan nuestras pantalla, ahora eufemismo de mente. He visto despreciar a nuestros autores clásicos, denominar el conocimiento pasado de moda y exigir novedad. La novedad que parece haberse tragado al mundo para devolvernos una masa compacta y homogénea con sabor a dolar.
Por las noches algunos de nosotros escuchamos el ruido de las voces, el agónico sonido del pánico entrando por nuestras ventanas, salimos al balcón dispuestos a envenenarnos con la verdad; otros bajan las persianas.
¿Lo oyes? Envueltos en papel de periódico, bajo capas y capas de consumismo, alguien llora. En la gran caja en la que han diseñado el mundo, una mayoría descalza pide respirar; se asfixia bajo el peso de las grandes potencias. La sangre inunda el suelo de las fábricas donde un niño de Camboya casi no siente las manos de tanto introducirlas en las pequeñas hendiduras de las máquinas, una mujer mexicana llora mientras la violan al volver de una jornada de 14 horas en una fábrica textil, en Bangladesh 100 niños son perseguidos por el español que todos querrían ser; tras haber pedido una vida más justa.
Ahora, voy a quedarme una noche más aquí fuera, para que las voces no caigan en el vacío; siempre puedes quedarte y desenvolver las capas de periódico conmigo.
Aunque ambos sabemos que bajo el anonimato, en el silencio que trae la noche; es más sencillo bajar las persianas.


Alejandra lara

Comentarios

  1. Decía Fernando Savater que la felicidad reside en tener deseos simples y una mente compleja, y añadía que hemos acabado teniendo deseos demasiado complejos y una mente bastante simple.
    Yo igual que tú, tengo miedo... pero también esperanza. No sólo porque la esperanza sea necesaria para vivir. La mantengo porque a veces leo libros hermosos, oigo piezas de música sublimes, empiezo relaciones que dan sentido a mi vida - aunque un día acaben -; porque, a veces, veo películas que describen el mundo que yo anhelo ... porque año a año constato que siempre hay un grupo de gente que sabe con certeza qué es lo principal y qué lo secundario. Porque tengo seguridad de que al final, ganarán "los buenos".
    Muy buena reflexión. Felicidades Lara

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