Representación femenina en el arte: ¿objetivo o realidad?
Maldigo
la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
Gabriel Celaya. La poesía es un arma cargada de futuro.
Personajes
principales de una serie policiaca: el protagonista, su compañero, el mejor
amigo, el jefe, el gracioso, el antipático y la chica. Personajes protagonistas
de una novela de aventuras: el narrador, su mejor amigo y la chica. Modelos de
superhéroes en un cómic: el fuerte, el rápido, el que vuela, el torpe y la
chica. ¿Por qué será tan difícil para nosotras ser la protagonista, la graciosa
o la jefa? ¿Por qué será tan difícil dejar de ser la chica?
El test de Bechdel, que recibe el nombre de su creadora,
Alison Bechdel, es una forma de evaluar la representación de personajes
femeninos en series de televisión, películas, cómics, etc. El test no solo se
preocupa de la relación puramente numérica entre el número de hombres frente al
número de mujeres representados, sino que, para superarlo, se tienen en cuenta
los siguientes requisitos: aparecen al menos dos personajes femeninos, que
hablan la una con la otra en algún momento de la obra; el tema de la
conversación no es un hombre, independientemente de si es el marido de una de
ellas, su novio, su padre o cualquier otra relación; por último, existe una
variante en la cual se exige que los dos personajes femeninos tengan nombre
propio. En la sociedad contemporánea, podríamos pensar que, incluso sin tenerlo
como objetivo, todas o casi todas las películas superan este test. No obstante,
la realidad es que existe aún un gran porcentaje de ellas que no lo superan,
entre ellas nueve de las dieciséis películas que obtuvieron el Oscar a Mejor
Película entre los años 2000 y 2016. Ahora bien, ¿por qué se da este suceso?
Analizando el uso
de la mujer en la publicidad o en el arte, su objetivación y su sexualización,
podríamos quedarnos en que “la mujer vende”, pero la realidad es que no es así.
La mujer real, con nombre propio e interesada en algo más que en los hombres a
su alrededor, no vende, no interesa. Lo que llama la atención es el prototipo
de mujer ideal, el canon de belleza y personalidad alimentado, precisamente, por
cómo está representada la mujer en diversas manifestaciones artísticas.
Por
una parte, para explicar, o más bien justificar, la ausencia de mujeres, se
utiliza el argumento de la verosimilitud, de que las exigencias del feminismo
respecto a los personajes femeninos que queremos ver reflejados no son
realistas. Lo irónico es que esta súbita preocupación por crear unos universos
lo más realistas posibles se da, a menudo, en el género de la fantasía y la
ciencia ficción. Los autores de estos géneros pueden tomarse todo tipo de
licencias creativas, pues se trata de un nuevo universo creado por ellos,
incluso saltarse las normas que ellos mismos habían establecido. Sin embargo,
tomando como excusa el machismo de la sociedad medieval en la que se supone que
se basan, muestran un mundo aún más patriarcal que la sociedad contemporánea,
alimentando la idea de que los dragones son más creíbles que mujeres en
situación de poder. La literatura y el cine fantástico podrían haber sido el
instrumento perfecto para representar una revolución feminista o la estructura
social no patriarcal que aún no se da en nuestra sociedad, sin embargo, se ha
quedado en lo contrario.
Ligado
a esto último, también se puede argumentar que el papel del arte es,
precisamente, representar las injusticias de nuestra sociedad con una finalidad
crítica, como la cultura de la violación, el techo de cristal o la violencia de
género. Pero de nada sirve representar a mujeres sometidas o alienadas si no
plasmamos también una evolución, una salida. Como decía anteriormente, el
machismo vende, y la excusa de la crítica social acaba siendo una manera de
alimentar todavía más lo que, en teoría, se está criticando. Esta práctica no
ocurre solo en el cine, sino también en la industria de la música: la supuesta
liberación sexual de la mujer no nos empodera si es una recaída en los
estereotipos machistas.
Escritores,
guionistas y, en definitiva, artistas, podéis quedaros en que tiene más sentido
elegir a un hombre para representar el papel de ingeniero porque,
estadísticamente, hay más hombres que mujeres en la ingeniería, y tendríais
razón. Sin embargo, esa decisión lo que hace es alimentar un círculo vicioso,
en el cual las niñas crecerán pensando que no quieren ser ingenieras porque en
la televisión siempre han visto que es una profesión de chicos. Podemos
autoconvencernos de que somos muy feministas representando el machismo de
nuestra sociedad y diciendo “mira qué malo es este personaje y qué machista
es”, cuando en realidad solo estamos dando ejemplo para que las nuevas
generaciones se comporten de la misma manera. Podemos llenar el arte de mujeres
perfectas, blancas, delgadas, cisheterosexuales, que rechacen todos los
comportamientos históricamente asociados con las mujeres y, por lo tanto, considerados
inferiores, pero entonces solo estaremos alimentando la misoginia ya existente
y haciendo que las espectadoras odien partes de sí mismas.
Queremos
mujeres, sí. Pero queremos mujeres presidentas del gobierno, jefas de
comisaría, mecánicas, informáticas, aventureras, científicas, médicas, sin que
no se nos recuerde permanentemente lo raro que es que exista una mujer en su
posición. Queremos mujeres trans cuya aportación a la trama vaya más allá del
hecho de que son trans o de si se van a operar o no. Queremos mujeres lesbianas
y bisexuales que protagonicen y que vayan más allá del papel del “amigo gay”. Queremos
personajes que, aunque hubieran podido ser hombres, fueron mujeres. No queremos
ser la mujer de, o la madre de, o la hija de, o la hermana de. Simplemente,
queremos ser.
Puede
parecer difícil, casi imposible, pueden parecer muchos requisitos. Pero es que,
como decía Platón, lo bello es difícil y el arte también lo es. La representación
femenina es una cuestión de justicia. Al final, lo más difícil es atreverse a
mirar a nuestro alrededor y plasmar lo que vemos, pero eso duele, porque lo que
nos imaginamos, lo que queremos pensar, es más bonito. Porque la mujer real no
vende, no gusta, no interesa, pero existe e importa. Es nuestra obligación
atrevernos a representarla.
Inés
Vilanova de Diego
Realmente interesante. Denunciar lo que aún queda y fijar la mirada en lo conseguido. Que una mujer de 17 años escriba un artículo así, indica que la reflexión sobre la igualdad, y la igualdad misma, están ganando terreno. Felicidades
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