Puedes ser fuerte

Allí estaba ella, tumbada en el suelo impotente mientras una sombra masculina se inclinaba sobre
su cuerpo. No podía moverse, ya no tenía fuerzas siquiera para intentarlo, tampoco podía pedir ayuda,
sabía que nadie la ayudaría y el hombre sobre ella se enfadaría, y en ese momento,
comenzaría su castigo.
De todas formas era una mujer, y debía obedecer a los deseos de su marido, ¿o no?

Todo comenzó en la Universidad, el primer día de clase un chico muy guapo se sentó junto a ella.
Empezaron a hablar y vieron que tenían muchas cosas en común, desde entonces se hicieron muy
buenos amigos.
Un año más tarde, los sentimientos comenzaron a florecer y empezaron a tener una relación.
Al acabar la carrera se casaron, pero lastimosamente no pudieron conseguir un trabajo en el mismo
sitio. Él empezó a trabajar en una empresa a las afueras de la ciudad, mientras que a ella la
contrataron en unas oficinas en el centro.
A medida que pasó el tiempo, él comenzó a volverse muy controlador y posesivo pensando que su
mujer le estaba engañando con algún compañero de trabajo, ella no le decía nada porque creía que
eran los celos los que actuaban, y que pronto se daría cuenta de que ella nunca lo engañaría. Que
equivocada estaba, poco a poco la situación comenzó a volverse peor, había discusiones todo el
tiempo, donde ella casi siempre acababa siendo abofeteada por él mientras la insultaba una y otra
vez.
Cansada de esa situación intentó pedir ayuda, nadie la tomó en serio, le decían que eran solo
exageraciones, que simplemente era un momento difícil en su relación, que todo pasaría.
Se lo repitieron tantas veces que se lo creyó.
Las palizas comenzaron a ser peores y casi diarias, le costaba mucho ocultar las marcas.
Un día llegó más tarde de lo normal a casa, había tenido un accidente. Él pensó que las pequeñas
marcas que tenía por su cuerpo, habían sido causadas por otro hombre mientras lo engañaba. Se
volvió loco, comenzó dándole la paliza de su vida y por último, acabó violándola hasta dejarla
sangrando en su cama.
Desde entonces todos  los días se volvieron así para ella, trabajo, paliza, violación; una y otra vez. Al
principio gritaba en busca de ayuda, gritaba hasta quedarse sin voz, poco a poco se fue dando cuenta
de que estaba sola con aquel hombre que se hacía llamar su marido, al que antes amaba pero ahora
temía.
Casi no comía, y cuando lo hacía lo vomitaba casi al instante. Antaño había sido una mujer muy
hermosa, fuerte y decidida, ya no quedaba ni rastro de lo que antes era. Él se había encargado de
destrozarla tanto física como psicológicamente. Ahora vivía con miedo, su mundo era gris, no había
nadie que la ayudara, si la gente se daba cuenta de su situación simplemente miraban a otro lado. Si
los ojos eran el espejo del alma, al ver a través de los suyos podías apreciar a una mujer rota, hecha
pedazos.

A veces se preguntaba... ¿Qué hubiera pasado si hubiese identificado el problema desde el principio
y haberlo cortado de raíz?, ¿Qué pasaría si yo dejase de existir?, ¿Tengo que vivir así toda mi vida?,
¿Cómo puedo escapar de él?





Si se logra identificar el problema y detenerlo a tiempo, se pueden prevenir casos como este.
También debemos mirar a nuestro alrededor, y ayudar a las personas que necesitan nuestra ayuda.
Hay muchas situaciones en las que la ley no nos apoya, pero entre todas podemos cambiarlo, no
podemos aceptar que esto siga siendo así.
Existen mujeres que aceptan estas situaciones porque creen que no pueden hacer nada en contra
de sus novios o esposos, hagámosles saber que son fuertes, que tienen derecho a elegir, que tienen
derecho a vivir sus vidas, que tienen derecho a una vida mejor.

Marta Fernández-Trabadelo

Comentarios

  1. Me encanta lo personal que es, cómo hace que te enganche e incluso te identifiques en ciertos momentos. Sobre todo, muy necesario para ir concienciando y previniendo. Tengo ganas de leer más cosas tuyas, bienvenida.

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